CRÓNICA DE OTRA MUERTE ANUNCIADA. El consumo de sustancias, la corrupción estatal y el sistema de salud.

* Por Jerónimo Ainsuain

11953590_1002350483118571_5513824607845456472_o-1

La fiesta electrónica que se llevó a cabo en Arroyo Seco este primero de enero se cobró una víctima fatal de 20 años debido al consumo de éxtasis que le produjo, según las pericias conocidas mediaticamente, un cuadro hemorrágico masivo.

Esta muerte (más otros tantos jóvenes que fueron atendidos por el servicio de emergencia) es un emergente y estallido de una trama producto de la corrupción donde se asocian los gobiernos de turno y fuerzas de seguridad, el poder judicial y empresarios inescrupulosos. Esta trama creció en los últimos años y lo hizo de la mano del narcotráfico, el lavado de dinero, la trata, la prostitución y otras actividades relacionadas con un modelo de “diversión” que propone el “reviente” con excesos y uso de sustancias psicoactivas legales e ilegales para “pasarla bien y relacionarse”.

Este hecho se suma a otras muertes de iguales características como las sucedidas en la fiesta TIME WARP de costa salguero de 2016, y son la expresión más cruda del problema de consumo de sustancias psicoactivas con las que los trabajadores de la salud nos enfrentamos todos los días. Muchas veces, este problema queda enmascarado en otros motivos de consulta como accidentes de tránsito, crisis de angustia y violencia entre otros justificativos.

Es innegable el importante crecimiento de casos relacionados con dicho consumo que vemos en la práctica quienes estamos en la primera línea de atención en la salud. Es por eso que los trabajadores de la salud manifestamos nuestra preocupación por la falta de estadísticas oficiales, las limitaciones en el conocimiento del abordaje del problema, la falta de redes institucionales para quienes necesitan distintos tratamientos (en la urgencia, rehabilitación, reinserción, deshabituación, etc.) la ausencia de personal de salud mental activo en hospitales los días de semana por la noche y los fines de semana (momentos más críticos y donde mayor caudal ingresa por estos casos), ausencia de boxes y espacios para estos usuarios del sistema de salud en las guardias generales, falta de capacitación a médicos, enfermeros y personal de salud en general, como así también la falta de contenido en la formación de grado de las carreras relacionadas con la salud.

Como contrapartida, entendemos que la Ley de Salud Mental y la reciente declaración de Emergencia Nacional en Adicciones son un avance en la discusión de la problemática, por lo que consideramos primordial declarar la Emergencia también en nuestra provincia y la ciudad, lo que constituiría un disparador para generar programas concretos para el abordaje del tema.

Al mismo tiempo se entiende que las medidas serán positivas si se desarrollan políticas concretas, presupuestos acordes a las necesidades, planes de estudio para todos los niveles educativos que incorporen más conocimientos sobre el tema y capacitaciones que den herramientas a los trabajadores. En cuanto a los espacios físicos, es una necesidad incorporar dispositivos en los hospitales generales, en la comunidad (en contacto con el primer nivel de atención para realizar prevención) como así también articular la atención con una gran cantidad de organizaciones de la sociedad civil que abordan el problema y ayudan con numerosos tratamientos, pero que muchas veces son ninguneadas por las autoridades para conformar las redes de atención.

La intención del presente artículo tiene como objetivo hacer visible un problema de salud grave y complejo, y manifestar que hay muchísimos trabajadores de la salud y futuros profesionales que pretendemos ser parte de la solución.